Hay planetas en que la evolución no ha producido, como en la Tierra, una especie de seres débiles físicamente pero poderosos tecnológicamente. En planetas en que la biología ha avanzado de una forma más sinuosa y reconcentrada en sí misma, más dispuesta a la experimentación, han surgido nuevas especies que han conquistado todos los ecosistemas a base de pura biología, sin necesidad alguna de herramientas. Sus cuerpos están preparados por sí mismos para vivir en cualquier clima, por encima o por debajo del agua. Sus mentes puras y translúcidas modifican en el acto sus moléculas a los cambiantes entornos que les ofrece su experiencia. En planetas a cuyo lado nuestro gigantesco Júpiter queda reducido a una bola de billar hay miríadas de seres así. Y aún hay más, algunas de estas especies ha podido dar el salto al viaje interestelar, escapando de sus respectivas cárceles planetarias y yendo a colonizar otros mundos. Se han forjado imperios, ha habido guerras civiles y guerras de conquista, pero también sus genes se han expandido. De esas antiguas y venerables especies que surgieron en el alba de nuestro Universo ya sólo quedan pocos individuos, agotado su espíritu vital y entregados a la meditación profunda. Se les llama los Arcanos, y guardan la Memoria Histórica del Cosmos, en espera, como ha sido profetizado, de un Ser que trascienda todas las galaxias, más allá de los distintos caminos que hay podido tomar la Evolución en cada pequeñito rincón de este inmenso, profundo y misterioso Universo.