1ª Parte. Génesis/éxodo.
"Salid de Babilonia, pueblo mío"
(Apocalipsis)
Pues verá usted, señor. No tiene que hacer
caso de otras versiones de la historia, ni de consideraciones socioanalíticas
ajenas a la verdadera experiencia del ser supremo. Nosotros, en aquella España
de la transición entre la dictadura y la democracia, España en la que
alternaban todavía en los "mass media" los estertores ideológicos del
franquismo, curioso híbrido, con el reflejo en la Prensa contestataria, con el
Poder, no con el Capital, de la lucha de clases cotidiana. Pues verá usted,
nosotros en aquellos tiempos, "long years ago", buscábamos la
respuesta a unos problemas existenciales que afectan profundamente, como puede
usted imaginarse, a la totalidad de la especie humana, incluidos los negritos
de Biafra y los intocables de la India. El análisis ontológico de nuestra
situación concreta podríamos situarlo brevemente: Catolicismo tradicional
español, versión mariana de la Internacional del Rosario, purísimos tiempos de
misa y comunión diarias, con rosario por las noches, mejor que el
"Valium", palabrita del Niño Jesús, la estupidez de la vida de las
parroquias, jugando a ser cristianos y puros sabiendo que en nuestras entrañas
jugueteaban alegremente los impulsos del insaciable Eros y sus temidas
tentaciones, lo peor que puede cometer un adolescente es masturbarse o mirar
con deseo a una mujer, ya lo sabéis, pues no hemos venido al mundo para esto,
sino para tener una oportunidad de reencuentro con la experiencia originaria
que Adán perdió, y nosotros conducíamos a los niños a ese punto, pero nosotros,
pobres de nosotros, no gozábamos de esa experiencia. Eran maravillosas aquellas
pandillas en que se podía ligar, pero no se podía tocar las delicias de la piel
femenina, suplicio tantálico renovado.
Ahora hablaré yo, señor. Llevaba ya cerca de
dos años buscando la satisfacción de mis necesidades religiosas más profundas,
todo empezó con Plotino, los místicos medievales, ¡fabuloso Eckhart!, y los
filósofos alemanes, Kant y Hegel sobre todo, pues estaba yo insertado en las
prácticas religiosas de la parroquia cuando me dio, pecado intelectual básico
mío, por leer a Nietzsche. Como es natural, me volví ateo ipso facto, gracias a
dios mi responsable de equipo me logró convencer de que me había equivocado. El
tiempo y las rutinas culturales me devolvieron mi fe ...
Pues yo, señor, era un célibe. Esto es, que
dedicaba todas mis energías sexuales a sacrificarlas en el holocausto del
servicio divino, pues cómo mejor agradar a dios que sacrificándole nuestra
personalidad entera, nuestra razón y nuestros instintos. El hallazgo de dios es
tan sublime que uno debe renunciar a todo por ello, como dice el Evangelio. Yo
siempre he pensado así, a pesar de haberme echado novia, casado, tenido hijas,
casa, coche, video, vacaciones confortables, etc. Siempre he practicado y
predicado lo mismo, porque yo soy un buen cristiano, convertido y elegido de
verdad desde mi infancia, en la que dios tenía trato directo conmigo en sueños.
Pues
yo, señor, me lo monté bien. Yo era una chica de clase pobre y allí en la
parroquia tenía mi pandilla de amigos y amigas. Cuando me vino el desarrollo
empecé a pensar en la forma de procurarme novio, pues el celibato no lo veía
para mí, aunque muchas de mis amigas lo aceptaban para tener más sex-appeal. Ya
sabe, el temor de los deseos prohibidos-reprimidos aumenta la excitación. Me
fijé en un muchacho célibe, de buena familia, que estudiaba para médico. Qué
fácil nos resulta a las mujeres hacerles creer a los hombres que nos están
conquistando o que han abusado de nosotras. Total, el pobre se casó conmigo de
penalty y para mí se acabaron los ritos.
Estábamos, señor, de ejercicios
espirituales. El sacerdote nos exhortaba a vivir cada vez más profundamente el
Evangelio, pues a causa de nuestros pecados e imperfecciones la ciudad no
estaba revolucionada. También nos contó el caso de uno que se había hecho protestante,
¡horrible pecado! Eso era por no haber vivido lo suficiente en nuestra santa
Religión. Y nosotros allí estábamos, intentando transformar el mundo a base de
rosarios, ayunos, misas y nuestros sacrificios diarios: llevar chinos en los
pies, rezar el rosario con los brazos en cruz, privarnos de algún capricho por
amor a dios, ¿qué dirá dios de todo esto?
Los domingos primeros de cada mes hacíamos
festivales con los de las demás parroquias. Escuchábamos chistes, censurados,
canciones gospel católico, y rezábamos juntos. También nos permitían tomar
Coca-Cola, la única chispa de nuestra vida entonces. La Coca-Cola siempre ha
sido una de las más grandes aficiones de mi vida. Estoy seguro que la beben en
el Olimpo y en el Valhalla.
En los campamentos de veranos aprendíamos el
culto a la disciplina y a la jerarquía, base de toda Iglesia como dios manda.
En plena Naturaleza nos dedicábamos a buscar las huellas y los reflejos de las
manos de dios en todo. Es una lástima que tantas criaturas no perciban nada de
eso en sus descarriada mentes.
Verá usted, señor, en este catolicismo que
todavía no había llegado al Vaticano II, surgieron tendencias izquierdistas al
calor de las luchas antifranquistas de comienzos de los setenta. La respuesta
de la jerarquía dirigente fue bastante lúcida: un cristiano siempre pone en
riesgo su identidad cuando se embarca en aventuras socio-políticas, pero cuando
encima se mete a rojo, es que va al infierno de cabeza, ¿pintarán a Lucifer de
rojo porque fue el primer rojo de la historia? Así que la facción progresista
de nuestro movimiento fue expulsada, y al no encontrar bastante apoyo en la
Iglesia se secularizó y abandonó las prácticas religiosas, base de la
transformación del mundo, sustituyéndolas por la lucha de clases, pecado
horrible según nuestros gurús.
Mire usted, señor, entonces surgió la
verdadera alternativa de renovación ante el cansancio, pues éramos la mayoría
demasiado jóvenes para amoldarnos para siempre a la misma rutina de actos en
sucesiones monótonamente constantes per saecula saeculorum. Uno de nosotros
conoció en un campamento de verano a un chico que cuando oraba no le costaba
trabajo ninguno y además no lo hacía como nosotros, pues no experimentaba
cansancio ni fatiga. De la conversación posterior supo el amigo nuestro que el
tío era de los carismáticos católicos, un movimiento que había surgido a
mediados de los sesenta basado en la presunta repetición de las experiencias de
Pentecostés en nuestros días. Pues este amigo nuestro estaba integrado en un
grupo secreto que al margen de la jerarquía oficial buscaba una renovación y
reflexión espiritual de todo nuestro ser.
Escuchemos la Voz de los Antepasados:
"El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el
que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a
él." (Juan 14:21)
ASI COMENZÓ
TODO ...
"Pero cuando venga el Espíritu de
verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta
sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de
venir.
El me glorificará, porque tomará de lo mío,
y os lo hará saber". (Juan 16:13-14).
"Y el Espíritu os llevará a toda
verdad" ...
Esta fase suena en mi mente cuando miro
atrás y echo una mirada al pasado, A NUESTRO PASADO, esto me obliga a decir:
GLORIA A dios, gracias por tu misericordia, NOS HICISTE VIVIR. Levantaste los
huesos secos de entre los muertos y les diste vida.
Todo comenzó en aquel grupo juvenil. Éramos
un movimiento de jóvenes dentro de la Iglesia Católica, esparcidos y organizados
por todas las parroquias y hasta de alcance Nacional, "ERAMOS LOS CRUZADOS
DE LA ESPERANZA". Su gran fuerza e ímpetu hacen que prontamente haya
llegado a una gran mayoría de parroquias malagueñas y ganado multitud de
jóvenes, nosotros lo "organizábamos" todo y no dependíamos de nadie.
El tiempo pasó, y cuatro años de lucha tocaban a su fin. Aquellos que un
principio empezaron con un vigor arrasador, ahora estaban cansados, hartos;
habían gastado todas sus fuerzas, y sin embargo todo amenazaba ruina ¿QUÉ HABIA
PASADO EN ESTOS CUATRO AÑOS? De todo:
ratos felices, pero también de luchas, divisiones, intereses, flirteos y sobre
todo hipocresía. ¿Porque cayó todo? "Porque si este consejo o esa obra es
de los hombres se desvanecerá más si es de dios no la podéis destruir".
(Hechos 5:38-39)
Aquello fue obra de hombre y como tal cayó. Hablábamos, luchábamos
por un dios que creíamos conocer y aunque hablábamos de él, él era un extraño
para nosotros. El estaba allí en su santuario y yo aquí con mis problemas;
siendo la misma persona egoísta, orgullosa y sensual de hacía cuatro años
cuando empezamos.
En nuestros corazones se mezclaba el hambre y la necesidad más
sincera, con el reproche de una incesante voz: ¿DÓNDE ESTÁ dios? Pero estaba
allí, él tenía un plan inimaginable en lo torpe de nuestra visión, allí estaba
dios, con mano poderosa nos sacó del Egipto de la esclavitud que nos hacía
morir.
BUSCANDO LA
LUZ
Habíamos vivido hipócritamente, queríamos
servir al Señor pero con nuestras propias fuerzas, hasta que un día un grupo de
once jóvenes nos empezamos a reunir de una forma un poco clandestina, para
hablar entre nosotros de una cosa importante que había ocurrido en nuestras
vidas, de esta forma llegamos a la conclusión de que nosotros queríamos dar
dios a los jóvenes sin realmente haberlo tenido en nuestro corazón y después de
tanto tiempo nos dimos cuenta de que no conocíamos a dios sino a pesar de que
habíamos hecho tantas cosas, dios estaba demasiado lejos.
En esta
situación desesperada por la que pasábamos, la lectura de las Escrituras y
algunos libros no dieron luz que necesitábamos. El dios era real, dios estaba
vivo. Con todo nuestro corazón deseábamos vivir esto y alcanzar lo que decía
Pablo: "Ya no vivo yo, VIVE CRISTO
EN MI"
Días de oración, de desánimos, de
diálogos... momentos buenos y menos buenos nos guiaron por fin al 14 de
Septiembre de 1.977, día en que oraríamos a dios para ser llenos del Espíritu
Santo (según decían las Escrituras) y vivir el cristianismo realmente.
UN PASO MÁS
Ese mismo día, antes de la reunión, aún
teníamos dudas. Uno de nosotros habló horas antes con un muchacho carismático
que también oraría en la reunión. Le pidieron una prueba a dios: con la Biblia
en la mano se acercaron a unos niños pequeños y le preguntaron un número y una
columna (derecha o izquierda) -la Biblia aquella tenía dos en cada página-. Un
chiquitín respondió: "Página 100, columna derecha". Y así decía esta
página- "El segundo cordero lo ofrecerán entre dos luces, con una ofrenda
y una libación iguales a las de la mañana, en olor de suavidad: en sacrificio
por el fuego a Yavé, holocausto perpetuo en vuestras generaciones, a la entrada
del tabernáculo de la reunión, ante Yavé, allí donde yo me haré presente a los
hijos de Israel y seré consagrado por mi gloria. Yo consagraré el tabernáculo
de la reunión y el altar, y consagraré a Aarón y a sus hijos para que sean
sacerdotes a mi servicio.
Habitaré en medio de los hijos de Israel y
seré su dios, y conocerán que yo, Yavé, soy su dios, que los ha sacado de la
tierra de Egipto para habitar entre ellos, yo Yavé, su dios". (Exodo
29:41-46).
Esto nos dio la seguridad de que dios se
manifestaría.
Reunidos por la noche en la capilla de Santa
Ana, algo maravilloso ocurrió, el Espíritu Santo se derramó sobre un grupo de
jóvenes deseoso de vivir la Verdad.
Fue tan maravilloso lo que ocurrió en
nuestras vidas que queríamos compartirlo con todos los jóvenes del movimiento,
así que fuimos a hablar con el dirigente de los Cruzados pero junto con otros
rechazó la idea de enseñarlo, pues decían que eran ideas protestantes, entonces
de los siete que habíamos tenido esa experiencia con Jesús, cuatro con todo
sinceridad y además revelado por dios dijeron que se marchaban, y los otros
tres nos quedamos en la Iglesia Católica, pero siempre pendientes de la
voluntad de dios.
(CODEX SINAITICUS, fragmento LAFAYETTE)
Y ahora hablaré yo, señor. Después de
informarnos sobre los movimientos de renovación carismática, decidimos que ése
era nuestro camino. Allí en la capilla de la parroquia nos pusimos a invocar al
Paráclito. De repente, un fuego extraño inundó nuestros corazones, empezamos a
hablar en nuevas lenguas (glosolalia) y nuestras bocas se independizaron de
nuestras mentes. A uno de nosotros dios le dijo que se descalzara, pues pisaba
territorio santo, a otro, más cabezón, le dio por rezar el Rosario y pedir a la
Virgen lo que nosotros habíamos pedido directamente al único dios. Al cabo de
tres días, renunció a esas tonterías y recibió lo mismo que nosotros. Es algo
difícil de describir para el que no lo haya experimentado. Es una anulación
temporal de las barreras entre el ego y el inconsciente, es como una botella de
champán abriéndose dentro de nuestro cerebro. Otro lo califica de orgasmos
mentales. Todo vale para expresar esto.
Me toca a mí, querida. Como consecuencia de nuestro estado nos
volvimos biblicistas y sometíamos a dura crítica las enseñanzas de la Iglesia
sobre casi todos los temas: la adoración a María, el culto a los santos, la
infabilidad del Papa, el significado de la transubstanciación, la salvación por
la fe, etc. No queríamos aceptar respuestas basadas en el argumento de
autoridad. Queríamos respuestas en base a la Biblia, pero esas respuestas no se
produjeron. Así que llegó un momento en que empezábamos a mirar hacia el
protestantismo, pues tuvimos la suerte, ¿o la desgracia?, de contar con una
librería evangélica cerca. Por supuesto allí no encontrábamos nada del
pensamiento protestante actual, eso lo conocí muchos años después, sino las
diversas tendencias del fundamentalismo evangélico. Sobre todo consumíamos los
relatos pentecostales y atiborrábamos nuestras mentes con las imaginaciones
apocalípticas de Scofield y sus discípulos. Asimismo, sustituimos la Biblia
Nacar-Colunga por aquellas reuniones de oración agotadoras, de ocho horas o
más, en las que nos dedicábamos a hablar en lengua, profetizar, tener visiones,
compartir sueños inspirados y a veces leer la Biblia. Es maravilloso vivir en
un ambiente de éxtasis perpetuo, ¿verdad? Son maravillosas las experiencias
primigenias de fundación de religiones, sobre todo en las religiones
histórico-proféticas, en las que la legitimidad se busca siempre apelando a los
orígenes míticos de ellas, desviados y corrompidos por las Iglesias oficiales,
¿o será que la historia tiene sus reglas? En definitiva, sustituimos el Papa
infalible por la Biblia infalible. De todos modos, lo principal era la
experiencia del Espíritu circulando a grandes dosis por nuestras venas y
nuestras calenturientas mentes.
En fin, señor. Aquello fue el comienzo de un gran error (amor), en
el que la verdad inconmensurable y maravillosa de dios se hizo manifiesta una
vez más en esta sucia materia, aburrida y alienada a más no poder. Quien no
haya contemplando y experimentado las honduras negruzcas de la noche insondable
en la constelación de Sagitario no sabe lo que eran nuestros corazones antes de
la aparición de ese bálsamo vivificante que nos inundó y refrescó nuestro
espíritu con una huella indeleble como es la de un sello caliente sobre la cera
virgen de nuestras pálidas pequeñas y
pobres piadosas mentes juveniles.
Recapitulando,
señor. La nueva iglesia surgió de una crítica contra una iglesia
institucionalizada que no cubría las necesidades religiosas de unos jóvenes
apasionados por lo místico. Como vemos, nada especial. Un fenómeno repetido a
lo largo de la historia del cristianismo, desde los montanistas, los gnósticos
y los donatistas hasta los anabaptistas, cuáqueros y metodistas, sin contar los
innumerables grupos y grupúsculos contestatarios que han surgido y surgirán de
todas las religiones y creencias a lo largo de los siglos. Ahora entremos en la
época de creación del nuevo paradigma que centraría nuestras actividades
durante varios años.