¿Y ahora qué? Nadie lo sabe. La profunda tristeza que a veces embarga a mi corazón se convierte en un océano de negruras profundas que me llevan por el archipiélago de la decepción y la desesperanza más allá de donde nunca quise ir, pero más cerca de los límite infranqueables que el maldito demiurgo que creó este Universo puso a mi humilde existencia.
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