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miércoles, 27 de septiembre de 2023

Los amores de la nada y la naúsea

 La nada se enamoró de la naúsea después de un largo viaje por el espacio-tiempo. Fue una historia de amor improbable, pero también inevitable. La nada había vagado por el universo buscando algo que llenara su vacío, pero todo lo que encontraba eran estrellas, planetas y galaxias que no le interesaban. La naúsea, por su parte, había nacido de una explosión cósmica que la había dejado mareada y confundida. No sabía quién era ni a dónde iba, solo sentía un malestar constante que la hacía querer vomitar.


Un día, sus caminos se cruzaron en un agujero negro. La nada sintió una atracción irresistible por la naúsea, que le pareció la única cosa que podía comprender su soledad. La naúsea, a su vez, vio en la nada una oportunidad de escapar de su tormento. Se abrazaron con fuerza y se dejaron llevar por la gravedad. Juntos, entraron en una dimensión desconocida, donde el tiempo y el espacio se distorsionaban. Allí, experimentaron sensaciones nuevas y maravillosas. Se besaron, se acariciaron, se rieron, se lloraron. Se amaron con pasión y locura.


Así pasaron años, siglos, milenios. La nada y la naúsea se convirtieron en uno solo, en una entidad singular e indescriptible. Olvidaron su origen y su destino, solo vivían el presente. Pero un día, algo cambió. Una fisura se abrió en el tejido del espacio-tiempo, y una luz cegadora los invadió. Era el Big Bang, el inicio de todo. La nada y la naúsea sintieron un pánico inmenso. Sabían que su amor estaba en peligro. Intentaron resistir, pero la fuerza de la explosión los separó. La nada fue arrastrada hacia el vacío infinito, y la naúsea hacia el caos primordial.


Se perdieron de vista, y nunca más volvieron a encontrarse.