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jueves, 28 de enero de 2016

SINAÍ CAPÍTULO 8

8ª Parte. Epílogo: Escritos varios.



"Hay un jardín en mi alma"


Duermo cuando por todas partes sigo el dulce frescor tierno del camino.
Una verja tapa pálida mi vista, canta con gran tristeza la abubilla, lamenta por amores que vivía melancólicamente mi destino.
Árboles.
Son cipreses, pero finos.
El nombre de una amada tienen grabada en su tronco rugoso y plateado: Dórida, otro Camila, hemos llegado, también está Lucrecia...
Yo prosigo: Amarílidis mira sus zafiros...
Todos tienen un nombre.
Representan tormentos y desdichas.
Me recuerdan mis antiguos amores.
Cuando siembran campos, huertas, jardines aquí miro el tiempo que pasó.
Incluso sonrío, aunque lloro por tanto sufrimiento por seres limitados.
Sólo siento la nostalgia amorosa.
Debilito conchas y fortalezas y vigilo.
Dolor en corazón por las amadas.
Ya pasó en silencio esta jugada.
Ya me alejo.
Despido lagrimada.
¡Tanto puede mi amor!
Pero mezquinos espíritus jamás lo han comprendido.
Job 28: Una parábola del hombre moderno

Este capítulo de las Escrituras nos aporta valiosas enseñanzas, especialmente para el hombre de nuestros días. Para comprenderlo mejor lo dividiremos en cinco apartados:

El poder y la ciencia del hombre (1-11).- El trabajo del hombre inquiere hasta lo más profundo de la tierra en la búsqueda de sus riquezas materiales. Examina por todas partes y su ciencia transforma la naturaleza. Construye presas en lugares áridos, cambia el desierto en vergel y los páramos en regadíos. Investiga desde lo más íntimo del átomo hasta las galaxias más alejadas. Toda la naturaleza parece estar sometida, o en vías de sometimiento, a la ciencia y el poder del hombre moderno. Parece que no queden secretos inaccesibles para nosotros, ¿pero es así?
Falta la sabiduría (12-19).- Este hombre que parecía saberlo todo se da cuenta de que no tiene lo más importante: un conocimiento sólido de Dios y sus demandas morales. Como enseña el versículo 13, ningún hombre le da la importancia que merece a este conocimiento y entre los vivos no se encuentra. Tampoco se encontrará en la naturaleza. Si intenta comprarla con los minerales más preciosos, conseguidos por su propio saber, por sus propias obras, tampoco la alcanzará. No está en su mano el alcanzar la verdad.
 La desesperación (20-22).- La búsqueda termina en un fracaso para el hombre. El Abadón y la muerte, o sea, la búsqueda de la verdad a través de los demonios, el espiritismo y saberes afines tampoco la alcanzan. Han oído de la sabiduría, pero no son la sabiduría. Es necedad esperar la verdad de un hombre muerto. ¿Nos quedaremos entonces en la ignorancia y el escepticismo?
Dios existe y posee la sabiduría (23-26).- Hay un Dios, que controla al Universo, pero lo más importante es que en su mano está la verdad. Pero no está obligado a hablar. ¿La manifestará al hombre o se callará?
Dios habla (27,28).- En un acto más de su gracia misericordiosa, habla al hombre y enseña sabiduría e inteligencia a todo ser viviente. Allá donde fracasaron la ciencia humana y las obras de los hombres intervino la gracia de Dios, que ilumina a toda criatura (Jn. 1:9). La Revelación era necesaria, y Dios la manifestó hasta su culmen (Heb. 1:1,2). Jesús es la Revelación definitiva de Dios. ¡Aleluya!


"Canto a la resurrección de Cristo"

En medio de la sobre, en gozos suaves, vino para verte alba trágica.
Gime, nada viene.
¡Cántote, gracia diva salvadora!
Y Cristo vencedor naturaleza corporal recupera victorioso.
Grave, en su soplo vuelve con su cuerpo:
No tiembla mucho mientras toma fuerzas, como pájaro cálido suspira.
Vientos majestuosos dan noticia:
Nacido es el nuevo hombre vencedor de esta trágica muerte, que redime.
Rápido, ante los guardias rompe piedra, no pueden impedirle la salida al Señor del planeta que ha rescatado.
Abre camino contra las maldades y penas, fruto lógico del falso entendimiento, reinante por la caída.
Huestes malignas corren asustadas:
El Cristo ha conseguido señorío y majestad sobre todo el Universo.
Pedro rechaza incrédulo la nueva, el Maestro lo consuela del dolor que traspasa su ser por su derrota.
Tranquila, Magdalena da cuenta con gozo del poder del Nazareno, pasa a ser la primera que le ha visto.
Marcha el dudoso apóstol con tristeza, mas Cristo lo levanta con razones evidentes y vuelve a su ministerio.
Surge con sencillez nuevo rebaño.
Ya cesa en su función mosaísmo.
Salvación por la gracia.
Sobran ritos.
Muchos años después este Señor me salvó de mi pecado con su sangre:
Este Cristo camina por la vida.
El Cristo anónimo y desconocido.

Mateo 25: 31-46. Propongo un diálogo para después del Juicio Final. El esquema podría ser el siguiente:

Creyente corriente (cualquiera, incluso yo): ¿Quién es éste que estaba conmigo a la derecha? Nunca estuvo en nuestras iglesias, jamás disfrutó de los privilegios conferidos por el Bautismo y la Santa Cena, nunca leyó la Biblia mientras nosotros la recitábamos todos los días de carretilla. Cuando lo veíamos por las calles huíamos de él como si fuera un leproso. Olía mal, vestía mal, sus modales dejaban mucho que desear, y jamás empleó un lenguaje limpio como nosotros. Muchas veces estuvimos a punto de predicarle, pero lo consideramos demasiado ignorante, muy torpe y que sólo traería problemas a nuestra muy digna congregación de los santos. Por nada del mundo hubiéramos albergado un individuo semejante en nuestros cómodos hogares. ¿Quién sabe las enfermedades que tenía? ¿Y por qué habíamos de ayudarle algo? No era de los nuestros. Nosotros éramos siervos de Cristo y no teníamos tiempo de atender a tantas personas semejantes a él que andaban por el mundo. Estaba fuera del Sistema.

Un ángel de Dios (izquierdoso): ¡Oh, hombres! ¿No sabíais que en aquel individuo también estaba Cristo? El Cristo que se ignora a sí mismo y que se encuentra en todos aquellos que nunca jamás pudieron satisfacer sus necesidades más elementales. El Cristo anónimo que estaba en aquel obrero asesinado por pedir pan para sus hijos. El Cristo desconocido que emigró a Alemania contra su voluntad. El Cristo anónimo que marchó a Siberia por pedir sus derechos humanos. Y sobre todo, el Cristo desconocido que habitaba en aquellos pobres, parias y marginados que os encontrabais todos los días, desde que os salíais de vuestros cómodos hogares hasta que os encerrabais en vuestros confortables locales para el culto de Dios.

Otro ángel de Dios (más intelectual): ¡Oh, creyentes corrientes! Desde que Cristo, el Señor de la gloria, volvió a los cielos  lo convertisteis en un objeto abstracto de especulación teológica. Lo despojasteis de su humanidad concreta y de su amor por todos los hombres y le prohibisteis el paso a vuestra vida cotidiana. Creísteis que Cristo sólo estaba en vuestros templos, vuestros aposentos altos y demás sitios apartados del mundanal ruido. Pero hay otro Cristo. Un Cristo que vive en la Humanidad doliente y sufrida. Un Cristo que está en todos los pobres de la Tierra, en todos los despojados de sus derechos por la rapiña de los hombres, que entregan sus corazones a Satanás para aplastar mejor a sus hermanos de raza. Escribisteis muchos libros de mística para tener comunión con el Cristo de los cielos, pero olvidasteis al Cristo anónimo y desconocido que pasaba a vuestro lado. Dad gracias a Dios por haber reparado vuestros olvidos.

En cuanto a mí, Señor, perdóname porque a pesar de haber recibido esta pequeña luz sigo comportándome tantas veces como un creyente corriente. Perdóname por los méritos de Cristo, mi único Salvador, y haz que por obra del Espíritu Santo cada vez viva más cerca de este ideal, para gloria de ti, Padre mío y Dios mío.
Hacia el Reino de Dios.

Me propongo explicitar brevemente en este artículo cuál es mi interpretación de la Filosofía de la Historia subyacente en las Sagradas Escrituras, testimonio escrito de las experiencias de diversos hombres y colectividades en su relación con el Dios Absoluto.

En el principio, Dios creó un Universo coherente (Cosmos), dotado de una dialéctica inmanente que primero produjo las Galaxias, luego nuestro Sistema Solar, y por último la Tierra (Ge. 1:1). Este proceso es lo que los científicos llaman cosmogénesis.

En un segundo paso, la Tierra produjo la vida: biogénesis. Es asombroso pensar que sólo a finales del siglo XX estamos empezando los hombres a crear vida en los laboratorios.

En un tercer paso, la biogénesis se convierte en antropogénesis. Surge un ser que es imagen de Dios (Gen. 1:27). Es un plazo de tiempo tan corto que sería ilógico atribuirlo a la casualidad. Dios siempre controla la evolución, pero dejando el máximo de libertad a los factores materiales.

Por último, el Padre comienza un nuevo capítulo de la evolución: La Historia de la Salvación, o cómo Dios ha llegado a tener una relación filial con la Humanidad y lucha por hacer surgir un mundo nuevo libertado de todas las imperfecciones actuales (Ap. 21:6)

El comienzo histórico del Pueblo de Dios se da cuando Abraham sale de Ur, ciudad-estado mesopotámica, embrión y prototipo de todo sistema social imperialista y basado en la explotación del hombre por el hombre (Gen. 12:1). Esta ruptura con la ideología legitimadora de este orden social injusto se traduce en el Génesis como el rechazo de la idolatría y la conversión radical al Dios único.

Más adelante, vemos que los descendientes de Abraham caen otra vez bajo el yugo de la esclavitud de Egipto (Ex. 1:13), que como todos los imperialismos, tenía su fundamento ideológico en la idolatría.

El Padre intervino de forma revolucionaria a favor de los esclavos (Ex. 7-15) y los condujo a un lugar donde se unieron a los oprimidos de las ciudades-estado cananeas (Cf. Jos., cap. 9). Este nuevo pueblo, Israel, crea entonces un sistema social democrático e igualitario, único en la Historia Antigua, en el cual todas las leyes, expresión de la voluntad de Dios, van encaminadas a impedir la formación de una clase dominante capitalista-terrateniente que ponga todas las instituciones sociales a su servicio.

Desgraciadamente, y contra la voluntad de Dios expresada por el profeta Samuel (1 Sam. 8), este programa fue abandonado y en su lugar se constituyó un sistema monárquico autoritario con una poderosa oligarquía. La consecuencia fue el paso del judaísmo primitivo a un sistema religioso alienante y ritualismo. Contra esto se levantaron los profetas, quienes hablando desde una comunión personal con Dios manifestaron claramente que todo culto auténtico se basa en la realización de la justicia y el amor al prójimo en todos los terrenos de la vida (Cf. Is. Cap. 58). Quien piense agradar a Dios exclusivamente por medio de reuniones, rezos ayunos y diezmos no se ha convertido al Dios de Israel (Miq. 6:6-11).

Los profetas insisten en que la nueva sociedad creada por el Éxodo era sólo un esbozo del futuro Reino de Dios: Superación de todas las formas de explotación, desaparición de la idolatría en todos los países, reconciliación del hombre con la Naturaleza, victoria sobre la muerte y la vida del Espíritu en todos los hombres.

Pero faltaba la revelación definitiva de Dios: Jesús de Nazaret (Heb. 1:1,2), que con su vida y su enseñanza nos muestra que la lucha por el Reino de Dios en definitiva es la lucha contra toda forma de alienación, incluida la religiosa, que es la peor porque se realiza en nombre de Dios (Mateo cap. 23).

El programa de Jesús fue aprobado públicamente por el Padre a través de la resurrección, que es la garantía de que a pesar de todas nuestras limitaciones la causa de Dios sigue adelante.

Desde entonces, todos los que siguen el mensaje de Cristo forman la Iglesia, que en la medida en que siga el proyecto liberador de Jesús de Nazaret hace avanzar la Historia hacia su consumación final, que llegará el día en que se realice en su plenitud el Reino de Dios.

No debemos olvidar, que según la parábola del Juicio Final que aparece en Mateo capítulo 25, hay muchas personas que sin creer en Jesús o tener un conocimiento pleno de Dios, entrarán en su reino porque viven el amor al prójimo y luchan por la justicia en todas partes, a diferencia de los cristianos carismáticos del mismo texto.

Por todo ello, debemos aliarnos sin sectarismos ni dogmatismos con las fuerzas que luchan por un mundo mejor y más humano (marxismo, psicoanálisis, existencialismo, feminismo, ecologismo, etc.), pues sólo así, a través de estas luchas parciales, engendraremos entre todos el Reino de Dios.
LA EVOLUCION DE MI PENSAMIENTO TEOLÓGICO

Quisiera en este breve escrito relatar algo tan complicado, tortuoso, zigzagueante y que de ninguna manera podría calificarse de proceso lineal como es la evolución de mi conciencia de intelectual cristiano. Nunca he querido someterme a ningún dogma ni creencia por inercia ni por respeto a las autoridades constituidas, sino que, siguiendo el consejo de Pablo, he querido examinarlo todo y seguir mi propio camino. Prefiero ahora, como siempre, la soledad al borreguismo en el que flotan la gran masa de los que se llaman a sí mismos cristianos. Para mejor claridad, seguiré el orden histórico-lógico antes que el orden existencial concreto. Aquí van cuatro etapas que reflejan unos diez años de mi vida, que se dice pronto, años de grandes esperanzas y grandes decepciones, y aunque parezca un tópico he conocido lo mejor y lo peor del corazón humano.

El niño en Cristo. Etapa del fundamentalismo evangélico.

Yo acepté a Jesucristo como Señor y Salvador cerca de los veintiún años. Estaba empezando los estudios de Filosofía y Letras. Pasaba entonces por una gran crisis existencial y personal que me conducía a un nihilismo cada vez más acusado y a la autodestrucción personal. La fe me ayudó a relanzar mi vida y dotarla de un sentido positivo. Como buen intelectual, me dediqué rápidamente al estudio de las doctrinas de la secta que me había llevado a Jesús. Era una iglesia evangélica sin denominación, de la rama de los pentecostales. Lo esencial allí no eran las doctrinas, muy simples y cuyo estudio además se veía con malos ojos, sino las experiencias de tipo carismático: sueños, visiones, profecías, lenguas, sanidades, etc.

Al aceptar el fundamentalismo biblicista, creía en la absoluta inspiración, infalibilidad y autoridad de los textos bíblicos. Yo vivía en la esquizofrenia de tener que rechazar la concepción científica del mundo, por un lado, y estudiar una carrera universitaria por otra.

Igualmente aceptaba el mensaje apocalíptico, milenario y catastrofista de Scofield y sus discípulos actuales, que confunden la CEE con la cuarta bestia de Daniel y al Consejo Mundial de las Iglesias con la Gran Babilonia que vio Juan.

La insatisfacción con esta teología y estas doctrinas, que no sirven para enseñar de una forma coherente y sistemática la Biblia, incluso conservando el dogma de la inspiración plenaria de las Escrituras, me llevó al estudio del período originario del protestantismo: la Reforma del siglo XVI.

El adolescente reformado. Lutero, Calvino y otros más.

El pensamiento protestante clásico significó un revulsivo para mis creencias, produciendo la renovación de mi paradigma teológico. En la Reforma, sobre todo en Calvino, Berkhof, Schaefffer y otros, encontré una profundidad de reflexión y una coherencia sistemática que no encontraba en mis maestros anteriores. El calvinismo ortodoxo, que tiene sus dos pivotes en la soberanía de Dios y la autoridad de la Escritura, fascinó a mi espíritu con su coherencia lógica, desde el bautismo de infantes a la terrible doctrina de la doble predestinación.

Como este camino lo recorría yo solo, me fui sintiendo cada vez más aislado en la comunidad, que cada vez se fue institucionalizando más y más, hasta llegar a construir un fósil petrificado de su experiencia primigenia, en la cual algunos de sus fundadores siguen vegetando todavía, aunque la mayoría de ellos se haya salido en el proceso.

El complejo de Edipo. La teología liberal como arma arrojadiza.

Yo descubría la teología liberal, modernista, de una forma personal, independientemente de los procesos personales de otros hermanos. Fue de una manera casi clandestina, por mi afición a leer de todo, pasando de censores e inquisiciones. Hay que hacer notar que los autores protestantes modernos de tendencia liberal, crítica, sólo se pueden leer en España en editoriales católicas, que no se suelen disponer en las librerías "bíblicas", donde los protestantes españoles se surten de "alimento espiritual". La inmensa mayoría de los evangélicos españoles no creen otras doctrinas ni ven otro cristianismo distinto del que han recibido porque los mantienen en un guetto intelectual construido por generaciones de clérigos ignorantes y reaccionarios. Quien interprete estas líneas como un implícito apoyo al catolicismo romano que se lo quite de la cabeza, pues la situación actual y pasada de esta corriente religiosa no escapa a mis críticas.

Bien, después de este "excursus" contestatario, seguiré. El fin de mi creencia en la Biblia perfecta me produjo una grave crisis teórico-existencial. La búsqueda del "Jesús histórico" y el rechazo del "Cristo de la fe" me lanzaron en un camino de análisis cada vez más críticos de la elaboración de los textos y las tradiciones religiosas en que se fundamenta el judaísmo y el cristianismo. Toda la insatisfacción acumulada durante años de oscurantismo y fanatismo las volqué en el intento de difusión de esta teología de espíritu amplio y amigo de la razón entre mis hermanos que todavía dormitaban en el fundamentalismo evangélico primitivo.

El resultado estaba claro desde el principio. Yo fui condenado como hereje y mis ideas condenadas como engaños "de Satanás". Por lo visto la destrucción de la razón y la vida legalista llamada "cristianismo evangélico" fueron inventadas por Dios mismo (¿nos será quizás al revés?). Yo seguí solo, pero seguí en el Camino. Prefiero no hablar de dramas personales.

La Teología de la Liberación. El camino hacia Marx.

Yo estaba solo, pero seguí pensando e investigando. Llegué a sentirme insatisfecho de la teología liberal porque se mantiene en el plano de la teoría pura, asumiendo en la práctica los ideales de la burguesía decimonónica. En este punto empecé a leer a Gustavo Gutiérrez y Leonardo Boff. Allí sí que se encuentra un cristianismo comprometido con los pobres y con los oprimidos, y que no sólo lucha contra la mistificación de un cristianismo excesivamente intelectualizado sino que también propone una nueva arma para transformar la sociedad: la herramienta marxista, que en su azarosa historia, como la del cristianismo, está transformando la realidad del mundo entero, aunque a veces esta empresa se produzca a sangre y fuego.

Hay que reconocer que "el Reino de Dios" según estos teólogos y "la sociedad sin clases" del socialismo marxista tienden cada vez más a ser la misma cosa.

Pero ahora llegamos al último escollo: ¿es posible conservar la fe cristiana fundamental, reducida a su mínima expresión, si aplicamos el materialismo histórico de una forma rigurosamente científica al estudio del origen del cristianismo?

Segunda pregunta (derivada de la anterior): ¿no puedo yo también interpretar toda mi historia personal como una lucha por la liberación personal que, al igual que la Humanidad, acaba desembocando en la lucha por la liberación social y colectiva?

Tercera pregunta (¿conclusión?): ¿son válidos todavía los contenidos del mensaje cristiano para la construcción de mi vida personal y de una sociedad más justa?


P.S.: La respuesta se dará a lo largo de mi vida futura.

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