Había una vez un jilguero que vivía feliz, pero dormido, en una hermosa jaula, pero él no lo sabía. Un día, cuando menos lo esperaba, pasó una hermosa golondrina, guapa, culta y dicharachera, que con su amistad lo despertó.
Sin embargo, al despertar tuvo la horrible experiencia de descubrir que los barrotes de su jaula estaban decorados con sus propias plumas, por lo que no tenía posibilidad de volar.
Como le dijo la golondrina, había cerrado la puerta de la cárcel y la llave la había arrojado más allá de su alcance, mientras partía de viaje acompañada de un hermoso azor, antiguo conocido de ella.
Nuestro jilguero lloró amargamente al contemplar la miseria cotidiana en la que vivía. Sin embargo, los Dioses tenían otros planes...
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